Resultados de residencia con Nectar en Espronceda, Barcelona.
Combinando forma, materialidad y color, planteo posibles escenarios y reinterpretaciones que construyen, intervienen, fijan y se extienden a través de su experiencia personal y su relación íntima con el lugar.
“Las caminatas que nunca di” es el resultado directo de su exploración y proceso artístico en el entorno rural, una suerte de autorretrato. Formado por un par de calcetines intervenidos con espiguillas, aquí Ana Karen gira entorno a la idea de ocupar el espacio, desde el objeto hasta la manera de posicionarse en un lugar sin senderos o, mejor dicho, en donde formaba los senderos. Aquí no hay esquinas de calles, la artista está inmersa, se convierte en el borde para completar la esquina, la intersección con el suelo, entendido como la correspondencia entre la interacción y la auto protección, constante en el transitar, saberse vulnerable a lo que te rodea, pero, sobre todo, a la manera de interactuar. Estas espiguillas que se propagan y se clavan en los calcetines llenándolos casi en su totalidad, en realidad contienen semillas, una metáfora del ciclo de la vida y de la feminidad.
Para la artista, el color amarillo representa un marcador de territorio: en México tiene una connotación comercial (que remite a una conocida cadena de hipermercados), en cambio, en Nectar, adquiere un significado totalmente distinto, más orgánico y simbiótico, como podemos ver en su intervención “Coreografías de la superficie II”. Esta instalación se compone de un conjunto de ramas con liquen de color amarillo que se colocan en el espacio expositivo de manera que pareciera que salen de la pared o el contrario, que entran en la pared, simbolizando la experiencia personal de la artista al encontrarse perdida en los bosques y tener que “coreografiar” su desplazamiento entre ramas para su conveniencia y supervivencia, y creando un choque visual frontal entre formas y materiales, entre lo rural y lo urbano. El liquen, por su lado, es una simbiosis entre un hongo – el cual da protección – y un alga – que proporciona la fotosíntesis – representando en el mundo rural una colaboración beneficiosa entre dos seres, en cambio, en el mundo urbano la artista encuentra una relación hostil entre dos seres -ella y el entorno-.